martes, 14 de enero de 2014

PRESENTACIÒN


Senderos de Vida

Presentación
 

No he edificado nada, no he transformado el paisaje, lo más probable es que no dejaré huella en ninguna parte. Estos han sido los pensamientos que han girado por mi mente a lo largo de varios años. Sin embargo aconteció un milagro maravilloso hace poco. He tenido la oportunidad en estos días de ver crecer, entre las grietas de unas piedras, una plantita de cedro. Me preguntaba: ¿cómo es posible que en medio de la aridez nace la vida? Probablemente quede como un pequeño árbol o se levantará gigante y romperá las piedras mismas para mirar de frente al sol. ¿No es esta una parábola de la vida, un signo de Dios para mí?

Así es, a más del medio siglo de edad, me preguntaba, ¿será esto acaso un símbolo? ¿Es acaso el símbolo de la vida en medio de la aparente esterilidad? Tal vez mi vida sí ha sido fecunda después de todo. Tal vez en medio de la aridez de la historia soy esa plantita que lucha por brotar y ser signo del Dios de la vida.

Pensaba también que no he engendrado a nadie. Nadie por las calles lleva mis rasgos. Pero he visto en muchas miradas la luz de agradecimiento. He descubierto que me gusta mucho mirar los rostros de las personas, desde el terso rostro de un bebé, hasta el rostro surcado de arrugas de un anciano. Cada uno esconde una historia y un sueño; cada rostro es un universo que no se volverá a repetir, y cada rostro ha sido una epifanía para mí. A lo largo de mis años de ministerio sacerdotal he podido dar una luz nueva de esperanza y de fe a esos rostros, que al paso de los años se van haciendo parte de mi propia historia. Sé que ahora algunos de esos rostros llevan esa luz nueva que les he trasmitido, y ese ha sido el gran gozo de mi “paternidad”, la alegría pastoral de haber comunicado la Vida misma.

Así he visto mi vida: como la tarea de ayudar a los otros a amar la vida, su vida, a amar a los otros, a que se descubran y amen a sí mismos, y llevarlos a la fuente del amor para que amen a Dios. Ser colaborador de esa transfiguración, y ser parte de esa vida que, en Dios, busca un sendero nuevo. Después de eso, regreso a mi habitación, enriquecido por esa gracia de haber sido portador y colaborador con Dios; me guardo entonces en el bolsillo de mis recuerdos la imagen de un rostro más y de una historia que forma parte ya del “quinto evangelio”. 

En ese caminar de mi vida he encontrado a Cristo, sigo encontrando a mi Señor. Estamos en un mundo enfermo, no cabe duda, pero Jesús sigue estando presente como una luz en medio de la oscuridad, como vida en el desierto. Y sé también que él se vale de mí, de sacerdotes como yo, vasijas frágiles, para comunicar esa luz y esa esperanza. Al paso de los años se hacen cada vez más vivas para mí las palabras de Pablo, cuando dice a su comunidad de Filipos: ya sea por mi vida, ya sea por mi muerte, Cristo será glorificado en mí, pues para mí la vida es Cristo y el morir una ganancia (Flp 1, 19-20).

En esta serie de textos que llevarán el título de "SEnderos de Vida", queremos compartir estas semillas del Evangelio que, por las aguas de la gracia divina, brotarán en el corazón de muchas personas. Estos textos han sido alimento de muchos a lo largo de años, y he podido ser testigo de sus frutos en la vida de todos ellos. Ahora, con la ayuda de la ciencia humana, queremos que más personas lean, se alimenten con estas reflexiones y caminen por los senderos de  vida, guiados por la única luz que es Cristo.

Enero de 2014

P. Miguel Ángel Ramírez González                               

1 comentario:

  1. De verdad, muchísimas gracias por compartir por este medio, hace mucho que he buscado las publicaciones de senderos, y me parece increíble poder leerlas, que Dios siga bendiciendo y María acompañando al Padre Miguel en estos senderos que tanto nos enseñan.

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